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lunes, 19 de mayo de 2014
Celeste
Y no
no soy la
musa
soy la mano
que escribe
los dedos
celestes
la bruja
maldita que traza conjuros innombrables en el agua
y se baña
con estrellas fugaces que vociferan profecías en las noches sin luna
la que
custodia semillas de deseos
la que germina
besos en los humedales subterráneos de las letras
transformo
designios
hilvano
cuerpos ajenos con el hilo rojo de la lujuria
y les
miro-me miro-nos miro
veo la
medida exacta
la
vestidura perfecta para transitar los puentes ondulantes de una caderas
abovedadas
la
exhalación tibia que empaña las ventanas de un planeta de vidrios tornasoles
una mano
que viaja más allá de mí
y una boca
que no padece hambre
contengo
las sonrisas
-sobre todo
las perversas-
para no
tentar la suerte
suspiro
llevo un
hilo de versos atado a la cintura
lunes, 17 de febrero de 2014
¡100 años de Julia!
¡100 años Julia!
Y tu voz aún se escucha en las voces de nuestras jóvenes
¡Aún bailas, Julia, libre entre nosotras!
domingo, 16 de febrero de 2014
fugaz
suspiro dejando que tu perfume se mezcle conmigo
la languidez húmeda de tu mano me hala hacia tu cuello
vibra tu deseo en él
y yo me enrosco en tu cuerpo
queriendo sentirlo todo
tentada
hay segundos eternos
el deseo satisfecho jamás es fugaz
la languidez húmeda de tu mano me hala hacia tu cuello
vibra tu deseo en él
y yo me enrosco en tu cuerpo
queriendo sentirlo todo
tentada
hay segundos eternos
el deseo satisfecho jamás es fugaz
viernes, 3 de enero de 2014
Reinas Magas
peldaño a peldaño de estrellas
envueltas en sus mantos tejidos
con rayos de luna
con lágrimas de alegría
con risas de complicidad
Llegaron sigilosas
silenciosas
coronadas de luciérnagas
sin raza
tres mujeres hechas de infinitas mujeres
transfigurándose a cada paso
negras
indias
blancas
asiáticas
caribeñas
con aromáticas melenas ondulantes, rizadas,
lacias
-canela, cardamomo, romero y menta-
o cabellos cortos, cortísimos que dejaban el
paso libre a sus miradas amplias
-ojos negros,
azules, verdes, ámbar y gris-
Llegaron
sigilosas
y cuando la primera Reina puso su pie en
nuestra Isla
una onda de luz nació de su huella
estremeciendo la tierra y agitando a los
pájaros que anidaban en la oscuridad
Era el Amor de la primera Reina
El amor que nace del alma
y trasciende las diferencias
Una niña
en un campo
acurrucada y dormida
agotada de tanto llorar
sonrió mientras soñaba que era plenamente
amada
y sentía un abrazo tibio con olor a especias,
incienso y brisa de mar
Llegaron sigilosas
mirándose unas a otras
y la segunda Reina se arrodilló para besar
esta bendita tierra
y de su beso nacieron millares de luciérnagas
que volaron por campos y costas
ciudades y barriadas
Era la Solidaridad de la segunda Reina
La que se anida como una lucecita persistente
y poderosa
en el corazón de los hombres y mujeres que
aman la justicia
y regalan sus manos a la humanidad
Una anciana
en una barriada
mientras se asomaba por su ventana
pensando en las niñas y niños que aún jugaban
en la calle
se tocó el corazón
cuando les vio detenerse extasiados
y levantar sus manitas para recibir las
luciérnagas que el cielo les regalaba
Llegaron sigilosas
sonrientes y confiadas
y la tercera Reina hundió sus manos en las
frías aguas del río
y de ellas emergieron halos luminosos de agua
bendita
que convertida en una cellisca dulce
arropó toda la Isla
Era la Esperanza de la tercera Reina
la que mueve a la lucha
la que no piensa en rendiciones
la que sabe que el hoy es una página que se
pasa
tan pronto se escribe sobre ella
y que otra página en blanco espera nuestras
letras en el día de mañana
Una mujer
trabajando afanosa para completar un poema
vio la cellisca plateada que le regalaban las
estrellas
y salió
-poema en mano-
esa madrugada
a bañarse en ella
Se marcharon sigilosas
las Tres Reinas Magas
hechas luz, luciérnagas y cellisca
infinitas y felices
prometiéndose regresar
a esta Isla iluminada
en el medio del mar
miércoles, 18 de diciembre de 2013
Carta a una amante vampira
(Originalmente publicado en marlynce.com)
“I close my eyes
Only for a moment and the moment's gone
All my dreams
Pass before my eyes with curiosity
Dust in the wind
All they are is dust in the wind…”
KANSAS - DUST IN THE WIND
Te escribo
esta carta sentada a la orilla del mundo y meciéndome suavemente entre suspiro
y suspiro. Estoy bañándome de sol.
Cierro los ojos y las hojas de los árboles se escuchan como un mar. Un mar verde y dorado que se balancea con la
respiración del bosque. Respiro yo
también. Aguzo mis oídos y escucho cómo
mi sangre late en una carrera desbocada por mi cuerpo.
Llevo días
y días en silencio. Pero hoy te
escribo. Solté el bolígrafo un momento
para estirar mis brazos y mirar mis manos.
Llevo las uñas azules. Mi hermana
bromeó cuando me vio pintándomelas: “¿Uñas de verano?” “Uñas de muerta que camina”, pensé yo. Pero sé que no estoy muerta. Recuperé el calor de mi piel y puedo sentir
cada parte de mi cuerpo agradeciendo el sol.
Siento la brisa que mueve el polvo de algún camino en la lejanía…
Por eso te
escribo. Me vi y me reconocí. Y cuando
me reconocí, recordé lo que es pasar de largo frente a hileras de espejos
incapaces de reflejarme. Recordé cómo me
obligaba a pasar frente a ellos en los extraños bares que frecuentaba contigo y
me estremecí. El rojo del espejo se hizo
casi negro. Me mordí los labios hasta
hacerlos sangrar porque quería ver mi sangre casi negra. Quería saber que la tenía. También la quería saborear.
Mi hermana mayor
es paciente. La segunda, no tanto. Aun así, ambas me alimentan, me bañan y me
peinan todos los días desde que llegué acá.
Una de ellas, tararea canciones que sabe que me gustan. Dejaron de hacerme preguntas casi desde el
primer día que me trajeron. No fui muy
cooperadora. Quería morderlas. No por hambre. Por rabia.
Porque me separaron de ti. Porque
sabía que, para colmo, muy probablemente tenían razón en todo lo que decían.
¿Recuerdas
cómo me gustaba “Dust in the Wind”?
¡Cómo amaba hacer el amor contigo escuchando el violín nostálgico de esa
canción! Imaginar el paso del tiempo, y
sentir que era imposible convertirnos en polvo efímero porque éramos
eternas! Las noches eran largas, pero
los días a la sombra de la vida lo eran más…
Días tan largos que hicieron venir del otro lado del mundo a mis
hermanas para ver qué era de mí en medio de un silencio ciego y espeso que me
ocultaba a su vista.
Yo me reí
como una loca la primera vez que las escuché decir que eres una vampira. Les pregunté si ese era su último recurso
para traerme a casa. Si me creían tan
idiota como para tratar de venderme una historia imposible. ¡Vampira!
Pero a
pesar de mi risa, algo de mi fe en ti se resquebrajó. Como cuando ya una copa está rota y la grieta
que comenzó como una fina línea que podemos pasar por alto de momento se
transforma en la grieta que amenaza con partir todo a la mitad y derramar el
vino. Por esa grieta se colaron los
recuerdos de tus deslealtades. Las
pequeñas y las grandes. Las que una
insiste en no mirar. Recordé las cartas
que enviabas a tu amante y que firmabas como “Vampira Fugitiva”. Así las firmabas, claro que sí. Sólo que la firma no me había importado. El helado con Baileys y las narraciones de
encuentros furtivos en días lluviosos me impactaron más que esa firma ridícula
y oscuramente kitsch.
Yo debí
reconocerte y reconocerme desde el principio.
Tu insistencia en la oscuridad, tus desapariciones diurnas, tu hambre
insaciable de todo lo que representara vida y vuelos de libélulas apalabradas…
No me
asustaba saber que el mundo entero volaba a una velocidad vertiginosa fuera de
nuestra ventana. La luz te daba dolor de
cabeza. Te asustaba la gente que me
rodeaba. Eran demonios, decías. Pasabas
de la fragilidad que rayaba en la inutilidad a la violencia de quien se impone
a como dé lugar. Llegué a creer que sin mí perecerías, que ambas pereceríamos
y, de momento, todo en mi mundo eras tú.
Todo fue noche. Todo fue canción…
“Dust in the wind… all we are is dust in the wind…”, un violín que se repetía,
el hambre insaciable, el cansancio de la vida de afuera, la mente confusa, el
deambular en multitudes como si no estuviera en mi cuerpo, evadir los espejos,
evadir el sol, huir de mis hermanas, poner el teléfono en silencio, dejar de
comer, dejar de reír, sentir una amargura culpable por querer abandonarte,
sentir una ternura infinita al abrazarte, querer protegerte, tenerte miedo,
pedirte que no me dejaras cada vez que amenazabas con irte como un aleteo de
mariposa nocturna, jadear que te amaba cuando me devorabas, querer devorarte,
querer rasgarme en dos para huir de ti y a la vez querer fundirme en ti, querer
poseerte, torturarme con dudas, torturarte con dudas, el olor a mirra, tu lengua
lamiendo mis muñecas sangrientas, la somnolencia, la fiebre, las pesadillas
contigo sentada a la cabecera de la cama de manera imposible mientras me
mirabas dormir. ¡Estaba muriendo! Estaba muriendo y tú lo sabías. No te importaba, ¿verdad?
Mis
hermanas creyeron que me estaba automutilando.
Que me estaba volviendo loca.
Hasta que te conocieron. Te
estuvieron observando un tiempo. Ya no
eras tan encantadora cuando te miraron de cerca. Reconocieron tu rostro porque es el rostro
del hambre de energía que no se sacia.
Ya te habían conocido ellas mismas.
Todas te conocían menos yo. Me
visitaban en tus ausencias. No sé cómo
logré guardar sus consejos en el fondo de mi mente. Ni siquiera quería creerles. Sólo sé que yo era tu prisionera y que era
incapaz de abandonarte. Hasta que poco a
poco se fue formando en mi mente la idea, la convicción, de que serías tú quien
me abandonaría. Esa era mi puerta de
escape. Mis hermanas lo sabían. Y estaban esperando el momento. Mientras, yo comencé a desaparecer. Aunque me mirara en los espejos no me veía. Esperaba, esperaba y rezaba para que
estuviera equivocada, para que mis hermanas estuvieran equivocadas, para no
tener que escuchar tus palabras de adiós.
Los días se
fueron haciendo más cortos y las noches más largas. Ya apenas tenía con qué alimentarte. Tú me recriminabas. La culpa fue mía. Y dijiste que te ibas. No te detuve.
Todo fue oscuridad por días y días.
Cuando mis hermanas llegaron a buscarme, grité, pateé, escupí como una
loca. Mi hermana mayor me dejó gritar y
retorcerme hasta dormirme tirada por el piso.
Me bañó, me vistió, me peinó y me alimentó mientras me cantaba canciones
de Los Beatles. Esas también nos gustaban. Bueno, no sé si te gustaban de verdad porque
en esas cosas como en otras, parecías ser mi espejo y borrar tus propios
gustos. Encendió velas y esperó al
solsticio de verano.
Y ya. Hoy pude mirarme en el espejo. Escucho mi corazón latiendo, miro el sol
esparcir sombras y luces sobre mi piel mientras me baña y te escribo esta carta
que será polvo al viento porque nunca te la enviaré.
“I close my eyes
Only for a moment and the moment's gone
All my dreams
Pass before my eyes with curiosity
Dust in the wind
All they are is dust in the wind…”
KANSAS - DUST IN THE WIND
Esta mañana
me atreví a mirarme en el espejo. El
espejo ése del que te hablé y que lleva años en mi familia. Su marco está teñido de rojo y dorado. Un rojo sospechoso, ahora que lo pienso. Demasiado parecido a la sangre. Demasiado intenso. Con la extraña cualidad de cambiar su tono
según quién se mira en él.
jueves, 28 de noviembre de 2013
La mano santa
Micro-historias
retorcidas
Una: Y Teresa exclamó, “¡Prefiero
cortar mi mano antes que pecar con ella!”.
Siglos después, su mano fue el amuleto plateado de Franco en su capilla
particular. Lo que quedó de la santa no
pudo revolcarse en su tumba.
Dos: Con la misma mano que la abofeteó,
le trajo flores al día siguiente.
Tres: (Suspiro) “Tienes una mano santa”.
Y miró extasiada la mano de su amante mientras se deslizaba bajo su falda.
Cuatro: La santiguó. Le pasó un ungüento viscoso por la barriga y
luego le rezó haciéndole cruces en la frente. “Eso bastará”, pensó. La nena estaba espantada pensando en que esa
mano santa no era suficiente para sacarle el bebé de su hermano de la panza.
Cinco: Se lamió los dedos con gula.
Seis: Jugó con la superficie del agua
antes de meter su mano en ella para sacar la llave que se le cayó. Se fue tras su mano a lo profundo del lago. Jamás regresó.
Siete: “No una. Dos manos santas para
sostener tu cabeza y balancearme sobre ella mientras habitas entre mis piernas”,
y cerrando sus ojos sonrió.
Ocho: Una mano chiquita y gordita le
aprieta la teta y una boca mellá le sonríe feliz. La mano de ella agarra la del niño y la besa
antes de darle la teta.
Nueve: Acarició la cara de su tía. Mano
amorosa la de ella. Y con esa mano
agarró las manos santas, trémulas y huesudas que tantas veces la acariciaron a
ella. Un beso en la frente, otro en las
manos y dos más en los ojos para decir adiós.
Diez: Con la mano derecha dijo adiós y
con la izquierda extendida recibió un nuevo amor. Santo, diablo y feliz es el amor.
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